Churchill,
Winston Leonard S.
Hijo de lord Randolph Churchill y de la norteamericana Jennie
Jerome, nació en el Palacio de Blenheim en 1874, propiedad
de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. En su autobiografía
describe su infancia como una época de bienestar y felicidad,
cuidado con mimo por su madre, sólo turbada por su ingreso
en un internado en Ascot. En el mismo sentido, suspendió
dos veces su examen de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst,
si bien en la tercera ocasión en que lo intentó
sí logro aprobarlo. En esta institución, Churchill
experimentó una profunda transformación en su conducta,
pues comenzó a manifestarse como un joven disciplinado
y trabajador, que pronto comenzó a descollar entre sus
compañeros. Posteriormente ingreso en el Cuarto de Húsares,
uno de los más famosos regimientos del ejército
británico, con los que combatió en Cuba, la India
y el Sudán, aprendiendo lecciones prácticas que
muy bien hubieron de servirle más adelante cuando, siendo
ya Primer Ministro, hubo de dirigir al país durante la
II Guerra Mundial. Su entrada en política se produce en
1898, tras abandonar el ejército y solicitar el ingreso
en el Partido Conservador. Un año más tarde se presenta
sin éxito a sus primeros comicios, por lo que decide marchar
a Sudáfrica como corresponsal del diario Morning Post en
la guerra de los boers. Una peripecia en principio desafortunada
le será favorable: es hecho prisionero y trasladado a Pretoria,
pero logra escapar recorriendo cuatrocientos kilómetros
y regresa a Inglaterra como un héroe, siendo su nombre
reflejado en la primera plana de todos los periódicos.
Un año más tarde repite su experiencia electoral
anterior, y, esta vez sí, obtiene la tan deseada acta de
diputado. Tiene veintiséis años y una demoledora
carrera política por delante. Como Parlamentario, destacó
por su oratoria y su despliegue de buen humor, pero su carácter
independiente no tardó en granjearle algunas enemistades,
incluso entre sus compañeros de partido. Con ello, Churchill
se aseguraba una buena dosis de publicidad, pues sus alocuciones
eran esperadas a causa de su tono polémico y controvertido.
Nombrado subsecretario de Colonias y ministro de Comercio en un
gobierno liberal, hizo gala de sus grandes dotes para interpretar
la realidad y prevenir acontecimientos posteriores. Así,
sus previsiones sobre el desencadenamiento de la I Guerra Mundial
y el curso que habría de tomar, despreciadas por los militares,
se fueron cumpliendo paulatinamente y le ganaron fama de dirigente
sensato y capaz. Tras ser nombrado lord del Almirantazgo, dedicó
su esfuerzo a modernizar la armada británica, promoviendo
la sustitución del carbón por el petróleo
como combustible y mandando instalar grandes cañones en
todos los buques. Inició también la puesta en marcha
de un grupo de aviación y fomentó la creación
de los primeros tanques ingleses, destinados a combatir el tremendo
potencial alemán. Preludio de lo que acontecerá
en el futuro, final de la contienda hará que Churchill
sea alejado del primer plano de la vida política. En 1924
regresa a las filas conservadoras y, un año más
tarde, se encarga de la cartera de Hacienda del gobierno de Baldwin,
precisamente en una época en la que la crisis económica
se instalará en Inglaterra. Los tumultos se suceden, las
huelgas se multiplican y los malos resultados económicos
provocan su enfrentamiento con lo miembros de su propio partido,
quienes critican su conservadurismo a ultranza. Acosado, decide
retirarse de la política (1929) y dedicarse a escribir
y a la pintura, bajo el seudónimo de Charles Morin, cosechando
algunas críticas como la de Picasso. Aunque alejado de
la primera fila política, no abandonó su escaño
en el Parlamento, aunque se estrella y capacidad de influencia
parecía haber decaído definitivamente. El ascenso
de Hitler al poder en Alemania y el subsiguiente apogeo de los
fascismos en Europa fue ocasión para que Churchill comenzara
a recuperar el protagonismo perdido, pues empezó a realizar
intervenciones en las que advertía del peligro nazi y de
la necesidad de preparar a Inglaterra para la lucha. Muchas veces
sus intervenciones no fueron bien entendidas por la confiada Gran
Bretaña, hasta que la firma en 1938 del Acuerdo de Munich,
mediante el cual Inglaterra y Francia eran obligadas a ceder ante
Alemania, hizo ver a muchos la capacidad de anticipación
de que Churchill había hecho gala. Tras la invasión
de Polonia por parte de Alemania el 1 de septiembre de 1939, Francia
e Inglaterra declararon la guerra al Estado nazi y Churchill fue
puesto de nuevo al frente del Almirantazgo británico. Aclamado
en su reingreso al Parlamento, las malas perspectivas que el desarrollo
de la contienda parecían deparar a Inglaterra, hicieron
que fuera nombrado Primer Ministro el 10 de mayo de 1940. Su discurso,
una nueva premonición acertada, ofrecía "sangre,
sudor y lágrimas", al mismo tiempo que exigía
el sacrificio del pueblo inglés para vencer la Guerra.
Desde su puesto, organizó una eficaz política de
resistencia ante la adversidad, como la carencia de alimentos,
los ataques alemanes o las muertes en combate. Sin duda, fue uno
de los elementos que permitieron mantener alta la moral del pueblo
británico en las horas más bajas, como cuando Londres
era bombardeado y amenazado de invasión por las tropas
alemanas. En respuesta, Churchill creó un gobierno de unidad
nacional, eliminando las diferencias partidistas, y creó
el ministerio de Defensa para racionalizar el esfuerzo bélico.
Acosada Francia, Gran Bretaña quedaba en solitario frente
al poderoso ejército alemán, por lo que los esfuerzos
de Churchill se encaminaron a conseguir la entrada en guerra de
la Unión Soviética, que había firmado un
pacto de no agresión con Alemania, y de Estados Unidos,
reacios a intervenir en un conflicto lejano y no bien entendido
de principio. Ambos objetivos se cumplieron, manteniendo reuniones
con sus ya aliados Stalin y Roosevelt. Al mismo tiempo, desplegó
un vigor y capacidad de trabajo inagotables, dedicando a la dirección
del país hasta dieciséis horas diarias y transmitiendo
coraje y entrega al resto de la nación. Ganada la guerra,
el mismo día de la victoria inglesa fue objeto en el Parlamento
de la más grande ovación nunca producida en ese
lugar. Sin embargo, apenas dos meses después fue derrotado
en las siguientes elecciones, probablemente porque los votantes
valoraron las aptitudes de Churchill para dirigir y gestionar
un país en guerra, eligiendo otro tipo de política
para tiempos de paz. Continuó como jefe de la oposición,
siendo el primero en acuñar el término "telón
de acero" para subrayar la división de Europa en dos
partes -comunista y capitalista- y abogando por la creación
de unos Estados Unidos de Europa. En 1951 regresó al cargo
de Primer Ministro tras la victoria conservadora, siendo dos años
más tarde premiado con el Nobel de Literatura por su obra
Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Dimitió de su
cargo en abril de 1955, sintiéndose ya viejo y cansado,
tras ser nombrado por Isabel II Caballero de la Jarretera y rechazar
su nombramiento nobiliario a fin de seguir siendo miembro de la
Cámara de los Comunes. Reelegido en 1959, rechazó
presentarse a las elecciones de 1964. Falleció el 24 de
enero de 1965, siendo recordado como el gobernante británico
más trascendental del siglo XX y uno de los más
importantes a nivel mundial.